lunes, 4 de enero de 2016

OTRA CLASE DE HISTORIA por Vicente Arranz

Planimetría del entorno de las Plazas de Peñaranda de Duero realizado por Pons Sorolla para su proyecto de Restauración de 1962. 

¿Cómo fueron los planos de la 1ª plaza del siglo XVI? 

La que mandaron construir allá por el reinado de Carlos V, los Condes de Miranda. No tenemos esos planos, aunque el baúl de la Historia es muy grande y a veces se producen los milagros y aparecen cientos de años después. 

Tampoco sabemos quién fue el maestro de cantería o urbanista que la trazó, porque los memorialistas de los Condes no debían de tener gran simpatía por los arquitectos, de hecho desconocemos de forma documentada la autoría de todos los grandes edificios (Palacio, Colegiata, Conventos…) Claro, que tenemos lo principal, las construcciones tal cual se hicieron y que coinciden a grandes rasgos con los planos de Pons Sorolla y el dibujo de la foto superior. 

Sin duda, tuvimos suerte, en Peñaranda trabajaron los mejores, llámense Francisco de Colonia, Felipe Bigarny o Gil de Ontañón. ¡Qué más da! Los terceros Condes de Miranda eran muy modernos y cultos, “del círculo erasmista del emperador”, con muchas influencias en la Corte e inmensamente ricos. Por eso quisieron hacerse en la sede de su Señorío una residencia nobiliaria similar a las renacentistas italianas, donde habían residido. 

Dibujo de la Plaza de Peñaranda de Duero de mediados del siglo XVIII 

Doscientos años más tarde 
Desde su trazo naif y primario, este dibujo de los Archivos Estatales nos muestra cómo aquel trazado urbano de Plaza Nueva Renacentista del siglo XVI ha quedado reducido a Cementerio y Toriles, lugar de paso y esporádicas diversiones, siendo la Plaza Vieja con su fuente delante del Ayuntamiento, el auténtico centro de la villa. 

¿Por qué? Pues porque “los pájaros” (ahora duques de Peñaranda) abandonaron el nido (se fueron a vivir a Madrid con la Corte) y el Cabildo de la Colegiata privado de su principal Patrocinador, cerró la puerta del mediodía y convirtió todo ese sector sur-este de la Plaza en Cementerio (hoy plaza de Santa Ana), antes, habían añadido contra la pared sur de los pies de la Colegiata la Casa Parroquial. 

Por eso el eje de la Plaza ha perdido su trazado originario de Este a Oeste, paralelo al Camino de Aranda-Salas que iba por la actual calle Real; y como aguja imantada se orienta con un nuevo eje Norte (Castillo) – Sur (Carretera de La Vid), acentuado con la ampliación de un pabellón galería-solana en la pared sur del Palacio, que ha deformado la geometría de la Plaza convertida en cuchilla de guillotina como se aprecia en el Plano inicial de Pons Sorolla. 
Litografía romántica de la 1ª ½ del siglo XIX. 

Gentes de campo y figuras aisladas de mujeres atraviesan a media mañana la Plaza de los Duques de Peñaranda que conserva la solidez del Palacio, el tránsito de su población campesina y el más absoluto abandono del suelo duro del pavimento, en definitiva el deterioro de una Historia en declive, donde el decorado ya no se corresponde con la pobreza sobrevenida a los modestos habitantes del lugar. 

Plaza de Peñaranda de Duero. 1956 

Los versos de Antonio Machado taladrando la candidez de nuestras conciencias: 

“Castilla miserable 
Ayer rica y dominadora 
Vestida con andrajos 
Desprecias cuanto ignoras” 

La dureza de la posguerra, de nuestra niñez. Esta foto de los años ’50 nos retrata como éramos, la desnudez ajada de las fachadas, “el parking” de carros último modelo de la carpintería de los Herrerillos, los perros famélicos vagabundeando por la Plaza, el barro y el frío. Y el decorado de las piedras siempre presente. Alguien debió pensar como el arcediano de Sevilla: “Hagamos una Iglesia tan grande que quienes la vieren acabada nos hagan por locos”. ¡Por Dios, cómo pudimos caer tan bajo! 

El Arquitecto Pons Sorolla en la Plaza del Ayuntamiento 1962 

Y llegó Pons Sorolla, el arquitecto, el médico que nos salvó la Plaza, la grande, la de los Duques y el postureo y la Chica, la nuestra, la de la Fuente y el Ayuntamiento, la que lleva su nombre en agradecimiento, ¡claro! aunque muchos no lo sepan. 

Fíjense bien en este hombre franquista, eso ahora no importa, que con su trípode y sus planos nos salvó para siempre del barro y la indigencia. No olvidéis su nombre e interesaros por descubrir quién era. Nunca se lo agradeceremos bastante. 


Peñaranda de Duero. 1968 

Y con la Restauración de Pons Sorolla, también a Peñaranda nos llegó el milagro español de los ‘60. Es tal el cambio que sobran las palabras. 

Plaza Mayor de Peñaranda de Duero. 2015 

Casi cuatrocientos años después 
La Plaza ha recobrado su dignidad perdida -mostrando en un lateral aquel Rollo jurisdiccional traído de fuera porque ya no marca propiedad sino patrimonio-. Se ha remozado el pavimento renacentista con cuadrículas de granito y morillo, y este espacio limpio, diáfano y sin coches, mantiene vivo el esplendor y grandeza de aquel proyecto originario del siglo XVI. 

Por eso, cuando se llena de gente en las fiestas o en cualquier otra celebración se nos ilumina la cara de orgullo, porque ya no es aquel decorado de piedras diseñadas para otros, ya no es la plaza de los Condes de Miranda, es nuestra Plaza Mayor, la Plaza Mayor de Peñaranda.

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