miércoles, 2 de septiembre de 2015

A LA BODEGA!!!!....

Santo y seña durante cientos de años para bajar a las bodegas, este aviso hoy en desuso, nos recuerda el carácter común y compartido de las bodegas, así como del acceso a las mismas.



En Peñaranda de Duero
las hay hermosas
que las Cubas de vino …

Jota Popular

Su construcción se remonta a la extensión del cultivo de la vid en la comarca.

En las tabernas de Clunia hace casi 2000 años, se servía vino, por cierto, abusivamente rebajado con agua. Pero los historiadores romanos describieron a los pueblos que habitaban las tierras del Alto Duero, los Arévacos, como rudos pastores asilvestrados prestos para la bronca y la guerra y ajenos a cultivar los campos.



El cultivo de viñas debidamente documentado lo tenemos con la aparición de los movimientos de renovación monástica posteriores al siglo XI y la fundación de los monasterios medievales como el Monasterio de Ntra Señora de la vid.



Sin embargo no fue hasta bien entrado el siglo XVII y XVIII, cuando en Peñaranda se generaliza casi en exclusiva el cultivo de las viñas. Por ejemplo en los Libros Parroquiales de Tazmías de la Colegiata de Sta Ana, es decir los libros de contabilidad de impuestos, la Colegiata recibía los pagos sobre todo en cántaras de mosto ( unas 1.500 cántaras por 70 fanegas de trigo y 40 libras de lana) todo ello para un período de cinco años.


A finales del XIX la plaga de la filoxera obligó a levantar cientos de aranzadas, quedando los viñedos reducidos a amplias manchas diseminadas por el término municipal, como las conocemos hoy.



Por lo tanto, la excavación de las Bodegas se hicieron mayoritariamente hace 300 o 400 años, a la umbría de la Colegiata ya construida y en el entorno de la Calle Real, independientemente de que alguna de ellas pudo tener un origen anterior.

Se construyeron en esta zona del pueblo por accesibilidad y subsuelo, grueso estrato de arcillas sedimentarias muy compactas y blandas para excavar. Lo contrario de la ladera del Castillo, expuesta al sol y un subsuelo de margas mal compactadas con estratificaciones de piedra caliza.

Las Bodegas, como diría Miguel Hernández: “No las excavó el dinero ni el señor, sino el trabajo y el sudor sobre la tierra callada…” Los cerca de 2000 habitantes que vivían en Peñaranda eran una población dependiente de la Casa de Miranda y de la Iglesia que trabajaban pequeñas explotaciones familiares en arrendamiento, y durante los períodos del año que no se hacían labores en el campo, se excavaron las amplias galerías subterráneas con un régimen de propiedad comunitario en suelos y bodegones privados tal como lo conocemos hoy.

Son obras de Ingeniería popular realizadas con habilidad y sabiduría que nos siguen despertando el mismo asombro y admiración que provocaran a quienes las construyeron.

Hoy tantos años después, duerme en su interior un pasado lleno de ilusiones, actividad y cuidados donde los “suelos” con tinos, cubas, bocoys y cubillos esperan el beso del Príncipe de Blancanieves para volver a la vida.

Somos lo que hemos vivido, tanto a nivel individual como colectivo y nuestras obras perpetúan la memoria histórica, las bodegas son el trabajo y utilidad de muchas generaciones anteriores, son parte importante del Patrimonio de todos. Conservemos nuestras bodegas, sería muy triste que se nos recordara en el futuro como aquella generación del cambio de siglo que se las dejó hundir.



















Por eso, hoy más que nunca digamos ¡ A LA BODEGA!!!, que se abran los portales y bajemos a las bodegas, que son Nuestras, coño, que son Nuestras…

Texto de Vicente Arranz
Publicado en la revista parroquial de Santa Ana-Peñaranda de Duero

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